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9.11.2010

GLADYS LOPRETO - el abrazo

Me abrazaste una tarde,
abarcaste mi cuerpo
con tu cuerpo de campo, manos de carpintero.
Vibró mi vieja piel en las líneas del tiempo
y hasta las ramas bajas descendieron las aves
custodiando el momento.

Fue también mi abrazarte rodeándote de aromas
y de oscuros silencios,
no tenías olor y te impregné del mío
a resinas del bosque, a líquenes y flores
pero ya estaba escrita
tu partida.

Algo se me quebró cuando te fuiste
algunas ramas altas
y lloraron mis hojas
afinadas y duras.

Para mi eternidad fue muy breve tu abrazo.

Te alejaste impregnado de mi humor y mi aliento.

Yo me quedo mirando
por encima del bosque
los caminos que vienen desde el lejano norte
y pienso en tu regreso.

©Gladys Lopreto

7.30.2010

Nicolás Guillén - Palma sola

La palma que está en el patio,
nació sola;
creció sin que yo la viera,
creció sola;
bajo la luna y el sol,
vive sola.

Con su largo cuerpo fijo,
palma sola,
sola en el patio sellado,
siempre sola,
guardián del atardecer,
sueña sola.
La palma sola soñando,
palma sola,

que va libre por el viento,
libre y sola,
suelta de raíz y tierra,
suelta y sola,
cazadora de las nubes,
palma sola,
palma sola,
palma.

(de: El son entero)
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Silvia Di Leo - ¿Qué aprendió el árbol...

“¿Qué aprendió el árbol de la tierra para conversar con el cielo?” Pablo Neruda

Aprendió a penetrar la roja arcilla
y a abrir surcos en la dura roca
a doblarse en el viento y levantarse
a derramar su copa en una sombra
Aprendió la razón de las prisiones
y el deseo profundo de ser libre
a dudar de la vida en la sequía
a cobijar los pájaros de noche
Aprendió a desprenderse de sus frutos
y jugar en otoño con sus hojas
a teñirse de verde y amarillo
a quedarse desnudo de su historia
Aprendió que le debe su existencia
y que al morir la tierra lo perdona

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Enrique Banchs - Sombra de árbol

Gracias, sombra sagrada de los árboles.
Ahora te derramas en mis brazos,
sombra, y siento un humor como de aurora
sobre la hierba nueva de los prados.

¡Amigo de los pájaros!: tú eres
como la casa mía por lo manso
y por esa humildad de fortaleza
que hay en tus ramas bellas como brazos.

He parado mi planta en el camino,
y una serenidad grave de lago
pones sobre el asombro de mis ojos...

Para el fin de la vida y del trabajo,
como un sudario todo de armonía,
tenga tu gran serenidad, hermano.

(En: El cascabel del halcón)
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