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3.14.2011

Augusto Blanca - No olvides que una vez tú fuiste sol

No olvides que una vez tú fuiste sol,
no olvides ni la tapia, ni el laurel;
no dejes de asombrarte al asistir
a un nuevo nacimiento en tu jardín.
No pierdas una ventana,
no entregues tus mañanas
de aguaceros y juegos,
ni desentierres tesoros viejos.
No ocultes lo que ayer se te ofreció,
no escondas ni la pena ni el dolor,
no dejes que una nube diga ”adiós”,
no saltes en pedazos.

No ocultes tu diamante.
No entregues tu perfecto amanecer,
ni tus estrellas, ni tu arena, ni tu mar,
ni tu incansable caminar.
Vete de nuevo hasta el arroyo
donde está tu mejor canto.

Y ve,
cálmale la sed a tus enormes prados,
no permitas que se pierda tu cosecha,
hoy, que hasta la lluvia fiel
no te ha escuchado,
y busca tu raíz.

Y dale la caricia a la que siempre espera,
la única manera de hacerla que vuelva
a ofrecerte frutos hasta en el invierno.
Y no olvides que una vez tú fuiste sol.

Y ve,
desata esos diques de corrientes presas,
déjate llevar y vuelve a ser jinete,
baja hasta tus valles de palomas sueltas,
que éste es tu país:
donde están tus riendas,
donde está tu espuma,
donde abandonaste tu camino entonces,
donde naufragaste haz crecer mil rosas.

Y no olvides que una vez tú fuiste sol.

Augusto Blanca (Cuba, 1945)

3.04.2011

REINA MARÍA RODRÍGUEZ - ellas escriben cartas de amor

escriben hasta que se apague la luz
hasta que se acabe la llamita.
escriben en los baños     en las oficinas
escondidas de los maestros y de las ratas.
escriben todavía sin descanso
para echar en el fondo de los baúles
cositas muertas     las letras pegadas al papel
la sofistificación de las palabras
que quisieron hacer
alguna travesía nunca exacta.
ellas escriben cartas de amor con preámbulos
papelitos puestos una y otra vez
de manera diferente.
lanzados desde el globo de la astucia
desde el hospital     desde el castillo
donde aparecen los sueños que no pudieron asirse.
con tanto temor como bajar de un pedestal húmedo
sonámbulas ellas escriben
sin otra técnica que un corazón ligeramente corrompido
por las feroces garras de los años
por la tinta azul petrificada en las noches de espera
ellas escriben para convencer a alguien
para convencer a una sola persona
que tal vez no ha venido
o se ha perdido definitivamente
entre la multitud.

3.03.2011

REINA MARÍA RODRÍGUEZ - Deudas

hoy quisiera escribir lo que me falta
no gastar las horas
ni echar palabras al abismo:
bajar a mis profundidades
sola y desnuda.

qué pruebas puedo dar de mi mortalidad.

soy sencillamente fea
con pecas         sueños y dolores.
tengo dos hijos
otro que nacerá el próximo septiembre.
no soy un buen negocio
-enseguida salgo embarazada-
soy el número 338 124 del carnet de identidad
sin foto -los niños la rompieron-
ni sanción -porque no poseo antecedentes penales
mayores ni menores-
trabajo como redactora de programas
un sueldo de 163 pesos
una literatura de carrera
muchos poemas sueltos
y amigos en sus cuatro categorías:
regulares      buenos       muy malos y tristes.
una casa ajena
un ventilador      un peine
la balalaica que me trajo mi hermano
el piano de los conciertos infantiles
una lupa para ver mejor la realidad
las fotos de Martí y Hemingway
reproducciones
libros que aún no me han robado
mapas ampliando la pared
cartas de antiguos amantes
un reloj       una mariposa azul       un corazón

y muchas deudas
infinitas deudas con la vida.

MIRTA YÁÑEZ - Conferencia

Pretendo explicar algo a mis alumnos
que todo lo preguntan, la palabra,
impura,
las conjeturas sobre aquella página trémula ya tan distante,
qué si hizo de la furia manirrota en que se empeñaban
los antiguos poetas,
dónde va el rumor de los capítulos amarillentos,
el crujido de las mamparas y los versos,
indócil polen que me gana la vida,
la pasión impresa, detenida en los celajes,
ese frío soplo que nos separa.
Cómo puedo saber yo el perfil inquieto,
escondido apenas por el fuego enamorado de la adolescencia.
Los profesores no disertan del amor personal,
del sufrimiento leve,
ni de la nostalgia por la loseta crucificada en la penumbra,
allí también arde un corazón impensado,
sigan atentos a mi charla,
tras ella se esconde mi propia página trémula, mi furia,
el rumor, las mamparas.

GEORGINA HERRERA - Así éramos

Pobrecitos que éramos en casa.
Tanto
que no hubo nunca para los retratos.
Los gestos y sucesos familiares
se perpetuaron en conversaciones.